Iglesia parroquial de Santa Marina de Puerto de Vega

Occidente de Asturias

Datos básicos

Clasificación: Patrimonio cultural

Clase: Patrimonio religioso

Tipo: Iglesias

Comunidad autónoma: Principado de Asturias

Provincia: Asturias

Municipio: Navia

Parroquia: Puerto de Vega

Entidad: Santa Marina

Comarca: Comarca del Parque histórico del Navia

Zona: Occidente de Asturias

Situación: Costa de Asturias

Código postal: 33790

Cómo llegar: Iglesia parroquial de Santa Marina de Puerto de Vega

Dirección digital: 8CMMH965+3M

 

Iglesia parroquial de Santa Marina de Puerto de Vega

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Descripción:

Situación

En el barrio de Santa Marina (parte alta del pueblo de Puerto de Vega*) está este templo parroquial, denominado «la catedral del barroco rural».

Descripción arquitectónica

La iglesia parroquial de Santa Marina de Puerto de Vega, obra de José González Muñiz y José Menéndez Camina (1730-1749), tiene planta de cruz latina, con una sola nave, larga y muy ancha (33 x 6 m), dividida en tres tramos, que se cubre con bóveda de cañón con nervaduras, tanto en la cabecera como en los brazos; y una nave transversal o crucero, de 16 m, cuyo espacio central remata con cúpula sobre pechinas. La tribuna, a los pies, se eleva sobre arco carpanel.

Por su parte, el pavimento del piso es una combinación geométrica de cuadrados de pizarra y argamasa, fruto de la restauración de 1864. Al exterior, destaca su esbelta torre, articulada por tres cuerpos y tres calles, las dos laterales rematadas con cúpula y chapitel, y la central, con espadaña de un solo óculo, rematada por frontón partido.

Enmarcado por deterioradas columnas mixtas, el pórtico sur sostiene un artesonado de madera, con cobertera de pizarra (restaurado a mediados del siglo pasado), y en su suelo se han instalado las laudas sepulcrales desalojadas del interior tras la construcción del cementerio anejo (1834) y la mencionada reforma del piso interior.

Al norte, este espacio se traduce en una trastera, mientras en la cabecera incorpora dos sacristías y remata en un salón parroquial de reciente factura (1968). Todas las fachadas son de mampostería revocada, con sillería de buena factura en esquinas, vanos, contrafuertes y cornisa. La cubierta es de pizarra.

El 7 de abril de 1982 (BOE, 4-6-1982) fue incoado el expediente relativo a su declaración como monumento histórico-artístico. El Consejo de Gobierno del Principado de Asturias, por Decreto 73/2006, de 29 de junio (publicado en el Boletín Oficial del Principado de Asturias, BOPA, de 7 de julio de 2006), la declaró Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Monumento.

Retablo de Santa Marina

Construido en 1747 por José Bernardo de la Meana, estilísticamente se funden en él las corrientes churriguerescas y rococó. Se estructura en tres calles (la central suprime la división en pisos), con un solo cuerpo y ático, ocupando todo el frente del presbiterio. Sus dimensiones son de 8 m de alto por 7,20 m de ancho.

El primer piso está articulado por cuatro columnas exentas, las exteriores terciadas y las centrales salomónicas, conformando tres calles. El registro inferior de la central alberga la custodia, con la imagen de la Inmaculada, pequeña talla (citada en el contrato del retablo) de madera policromada; en la zona superior se localiza la imagen icónica de la titular del retablo, Santa Marina, flanqueada por dos estípites y decorada superiormente por unos cortinajes sostenidos por guardamalletas.

A ambos lados de la custodia, y ocupando sendas hornacinas, se localizan las tallas policromadas de San José y San Antonio de Padua (izquierda y derecha, respectivamente); bajo ellas, dos relieves relativos a la Huida a Egipto y al Milagro de San Antonio.

El ático se resuelve igualmente en tres calles, separadas por dos estípites. La central representa el relieve, sujeto por una pareja de ángeles, alusivo al martirio de la santa; y sobre él, un altorrelieve de Dios Padre. En sus hornacinas, las calles laterales albergan las tallas policromadas de San Juan Bautista y San Pedro.

Otras obras de interés

El templo se enriquece con otros seis retablos, todos obra del mismo autor que el mayor (excepto el cuerpo del Rosario, quizás aprovechado del antiguo retablo mayor). Destaca el relieve que ocupa el cuerpo del retablo del Carmen, notable entre lo realizado en la provincia, tanto por dimensiones y novedad como por la calidad de su factura.

Representa el momento en que la Virgen (talla de bulto redondo integrada en el relieve) entrega el escapulario a los santos de la Orden carmelita. Desde el ático, un Santiago matamoros campea sobre el conjunto; y un bonito relieve del martirio de Santa Bárbara, de procedencia desconocida, ocupa el lugar del desaparecido sagrario.

Simétricamente dispuesto al del Carmen se encuentra el mencionado retablo del Rosario, con la imagen de vestir de la Virgen y la talla policromada de San Gregorio Magno en el ático. En los muros extremos del crucero se disponen dos retablos gemelos, de hornacina única, con sendas imágenes procesionales del Nazareno y la Dolorosa. El primero se enriquece con siete relieves sobre la pasión de Cristo; por su parte, es digna de mención la talla del Cristo yacente, expuesto en la urna inferior del retablo de la Dolorosa.

Por último, en el cuerpo de la nave, encontramos dos pequeños retablos de idéntica traza y gusto rococó, dedicados a San Ramón Nonato y a San Vicente Ferrer. En el primero de ellos también aparecen representados San Nicolás de Bari y los jesuitas San Francisco Javier y San Francisco de Borja; y en el segundo, Santa Rosa de Viterbo, Santa Marina y San Antonio (estas dos últimas imágenes ajenas al conjunto).

De obligada referencia es el órgano barroco (s. XVII), instalado en el costado izquierdo del coro y quizás el más antiguo de la provincia, siendo su calidad musical sobresaliente. Otras piezas notables son: el Cristo situado en el muro izquierdo de la nave, dos altorrelieves barrocos con los bustos del Ecce Homo y de la Dolorosa (debidos a J. B. de la Meana y actualmente instalados en la sacristía), así como dos pequeñas tallas (un San Blas gótico y una Magdalena penitente –s. XVIII), un cáliz (1820) y la interesante custodia del siglo XVIII.

NOTA

(*) La primera constancia documental de poblamiento en Puerto de Vega se asocia a la cultura castreña, que ha dejado vestigios en Vigo y Soirana. Estos reducidos asentamientos evolucionaron hacia pequeñas aldeas, hasta que, ya en los siglos X-XI, se verifica una presura de terreno en torno al pequeño monasterio familiar que, puesto bajo la advocación de Santa Marina y ubicado en la naciente Villanueva, ocuparía el solar donde, hacia el siglo XIII o XIV, se construyó la iglesia gótica.

Paralelamente, el pequeño puerto natural –de indudable actividad previa, pese al silencio documental– abre sus puertas a la historia bajo el dominio jurisdiccional de la poderosa Casa de Navia, impulsando el crecimiento del discreto núcleo de población asentado de antiguo en el perímetro de la Plaza.

Con ello, la aldea se expande y conoce un significativo desarrollo gracias a la pesca y a la caza de ballenas, no sin experimentar los serios peligros que obligaron a la construcción del Baluarte en 1558. Para sustraerse a las pesadas cargas jurisdiccionales impuestas por la Casa de Navia, Vega hace causa común con otros pueblos, alcanzándose en el s. XVII la emancipación del actual concejo de Navia.

A partir de entonces, el puerto, orientado ahora al cabotaje, será el gran dinamizador de la vida local, contando con la primera aduana de Asturias. El orgullo del desarrollo lleva a la construcción de la impresionante iglesia, levantada por contribución popular y erigida sobre la planta del arruinado templo medieval.

Así, entre 1730-1748, vería la luz la que muchos llaman «catedral del barroco rural». Desde entonces, Vega prosigue su imparable avance hacia la modernidad, impulsada por sus naturales aquende y allende, lo que le proporciona su cosmopolita fisonomía actual.

Cuna y sepulcro de hombres ilustres, la Villa debe fama imperecedera a hijos como D. Álvaro de Navia Osorio, III Marqués de Santa Cruz de Marcenado; D. Juan Pérez Villamil, redactor del Bando de Móstoles, así como al fortuito óbito del insigne Jovellanos.

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